Latest Book :
Home » » Daniel Chirom

Daniel Chirom

Rate it :























Daniel Chirom
Candelabros


1° Premio de Poesía
Fundación Inca de 1994

con un jurado integrado por


Antonio Requeni,
Luis Ricardo Furlan
y Esther de Izaguirre.


Diseño de Tapa:
Ruth Noemí Vittor


Buenos Aires - Argentina
Copyright ©
Derechos reservados del titular.


Segunda Edición Digital:
IBSN: 020-012-195-4



Colección La Lira de Orfeo


 




[2008]
Buenos Aires -Argentina


Copyright © 2008 - Analecta Literaria
Todos los derechos reservados.

Copyright © 2008 - Creative Commons


El contenido de la presente edición digital está regulado
por la siguiente Licencia de Creative Commons

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/ar/












Candelabros





a la memoria de mi madre,
Perla Luisa Waksman de Chirom
"detrás de la muerte está la infancia otra vez" Leopoldo María Panero



PRIMER CIELO



INFANCIA



La desesperación es un niño gritando en la noche
y una voz ordenándole que calle.


PASTEL DE MANZANA


Baba, Baba, tu Rusia de samovar, tus ojos verdes,
esa mirada perdida en las lejanías, presa de la
furia, del olvido, cautiva del destierro, y esas
manos empuñando las tijeras para hacer el corte
preciso y el pequeño monedero y el mismo delantal
siempre limpio y los alfileres prendidos a la
comisura de los labios mientras hablabas en voz
baja, mitad en castellano y mitad en yiddish. Apenas
comprendía lo que decías pero estaba tu porte
alto, tus brazos fuertes y no tenía miedo en las
noches de aquel hospital de paredes blancas donde
transcurrieron varios días de mi infancia. Un niño
de tres años entre sábanas blancas y enfermeras
blancas, tosiendo, asombrado de la penumbra
mientras sostenía un oso en los brazos y bajo la
almohada guardaba las golosinas que no podía comer,
y esa sopa insípida que me servían en un plato
metálico y el pollo sin sabor y el termómetro
bajo las axilas. Pero estaba el postre,
tu pastel de manzana, el manjar del exilio.
Esa torta era mis juegos, mis amigos, el muro que
me guarecía de la intemperie, mientras esperaba el
día de mi fuga, dejar de toser, no vestir más ese
camisón blanco y olvidar los azulejos celestes del
corredor y las caras bondadosas de los médicos con
su rictus de "sólo Dios sabe" y las visitas
complacientes. Y tenía miedo de la bruja de La
Bella Durmiente, esa mujer terrible de ojos negros,
rostro verde y uñas largas me acechaba detrás de
cada recoveco, y antes de dormir tenía que bajar
de la cama y espiar en todos los rincones para
asegurarme de su ausencia- temía combatir con el
dragón - y entonces yacía en el lecho con mi torta
de manzana, flacucho, temeroso, esperando el alba
como quien espera confesarse. En tus ojos veía
los miedos de tierras hostiles, negaciones,
persecuciones y abstenciones y comprendía que
también para ti el único refugio era ese pastel
de manzana, vieja receta venida al Río de la Plata
desde Kiev, la lejana Rusia, la madrecita patria.
Un poco de pan, apenas manzana, azúcar negra y
una horneada. Oh sabores de la infancia, polleras
de aromas ¿ cómo vivir sin la cocina, la sopa verde,
el dulce nuestro de cada día, el café con leche, el
té con el terrón de azúcar pegado a la lengua, la
carne pálida del pollo, las escamas como llovizna
del pescado? pero ¿cómo seguir sin la astucia
culinaria? Sí, dejarse llevar por la lucidez
de la digestión, la tozudez de los intestinos,
los agridulces jugos gástricos.
Recuerdo la humedad de tu cocina, sus paredes de
azulejos rosados, su blanca mesada de mármol, la
heladera gorda de la providencia con el motor cuyo
constante ruido parecía un auto yendo a baja
velocidad en un día de lluvia, la mesa tosca de madera
verde, los platos ajados de loza blanca, los cubiertos
acerados, el vaso alto con naranjada, el pan fresco
partido en rebanadas (nunca el pan negro,
era para los mujiks decía mi Baba), la miel amarilla,
la gelatina de pescado grisácea, la mermelada roja,
la manteca blanca y esos tazones gigantes donde uno
perdía la nariz que luego emergía esmerilada de té con
leche. Ah las hornallas brillando en la penumbra, sus
débiles llamas brindando calor, la escuálida lámpara
colgando del cielo raso, el almanaque de montañas
(¡Que lejos está el pueblo de tu infancia, la estepa
rusa, las cúpulas doradas de la iglesia ortodoxa, la
pequeña sinagoga, el río congelado!). Pero también
está el paisaje de corredores blancos de mi infancia
de hospital poblada por tu mirada. Y no sabía de
Dios, no conocía su palabra: Dios era la escupidera
donde orinaba en las madrugadas, o aquellos
algodones manchados de sangre y esas sábanas
amarilleadas por el sudor y esa pequeña mesita de
luz con su aún más pequeño velador que tú cubrías
con un pañuelo rojo para que me velara el sueño,
y ese techo tan descascarado, tan diferente al cielo
del patio de la casa. La soledad no tiene edad, Rusia
y aquel hospital es la misma geografía, las bellas
palabras están ajadas y nuestros ojos sonámbulos
desesperan por encontrar un manjar donde
esconderse del vacío que nos reclama.
¿Tendrá mi hijo la suerte de apretar contra el paladar
en los días del desasosiego un trozo de torta de
manzana? ¿poseerá la seguridad que brinda el sabor
preciso o deambulará buscando una patria, una
cocina donde hallar un aroma que lo descubra?
Oh Baba, abuela, la mesuzah cuelga de la pared, su voz
calla, hace mucho que no enciendo los candelabros
y tus copas opalinas ya no lucen sobre manteles
bordados blancos y en mi cumpleaños nadie me trae
un pastel de manzana. Estoy solo, mi mundo es el
pretérito de un sabor, la nostalgia por la pérdida del manzano.
En estos días en que las oraciones enmudecen y hay
poco para agradecer, es buena la memoria del paladar,
la gula divina, mirar un plato con torta de manzana
que un niño se devora y luego una mujer se inclina
para llenarlo otra vez.
Pastel de mi carne, pastel de mi saber, ven, sálvame,
necesito tu invariable corazón azucarado.
¡Qué cerca está el hospital de mi infancia!



EL JARDIN



La infancia,
un jardín enloquecido
donde un jardinero deja crecer los matorrales
y mutila las rosas
para que su recuerdo no nos vuelva inocentes.



MAURICIO



Abuelo, mi abuelo de manos ennegrecidas
de progroms y albas de panes y noviazgos.
Nunca conocí tu rostro,
tampoco escuché tu palabra.
Dicen que eras parecido a mí,
que también eras poeta
y tenías novias como collares
y vinos como amaneceres.
Te imagino bajo la luz de una vela
imitando los versos de Bialik,
seduciendo a las chicas judías
que enhebraban con sus ojos azules
ensueños de príncipes jasídicos.
Y tu boca de lumbre, Mauricio,
para amar el sueño, para entrar al sueño
de los que llevan pesadas cargas,
para entrar a la sinagoga y su azote,
y plegarias de candelabros y espejos
para entrar al sueño, a una música
incandescente. Y el sueño y tus labios
que ya no empinan la sed.
Mauricio, abuelo,
tu sal, tus ojos, tus manos
están en mis noches
cuando escucho las horas desiertas
y miro de frente a la muerte
y le pongo una cuchara en la boca
para que haga arcadas y vomite muñecas rotas.
Aún guardo tu bastón de puño nacarado,
tu bastón encallecido de viajes,
tu bastón de exiliado,


fiel compañero por calles solitarias
donde escondías tu tristeza y tu rabia
en los pechos de las prostitutas polacas
que eran capaces de escuchar la misma historia sin hartarse.
.Por años busqué tu tumba:
aquí en Buenos Aires
sobre viejos archivos de cementerios,
en Nueva York bajo la nieve negra
o en los ojos tatuados de miedo
que nunca viste de mi madre.
Y siempre la ausencia,
tu nombre no figura en ninguna parte,
sólo te invocan la torá de hojas ajadas,
el pánico de la abuela y el bautismo de ese balazo
que apuraste en una aldea innombrable.
¡Desgraciados de nosotros si nos abrimos demasiado pronto!
las aguas se desbocan,
los tesoros del corazón se pierden
y sólo queda la razón, esa Dama de las Camelias
que bebe nuestra sangre en las noches
cuando el paisaje es una mueca ensombrecida.
Mauricio: hemos vivido en la esperanza del día
y la oscuridad quebró nuestra lengua.
La noche calla sus cuchillos.
Ahora sólo tropiezo con mi infancia
donde unas manos dibujan
mapas de países inhallables
y unos labios emigran hacia tierra de nadie
llevándose consigo lo que olvidaron soñar.



UN JUDIO EXILADO EN BABILONIA



Aún escucho la voz del profeta Jeremías
anunciando la destrucción de mi casa.
Todas las noches sueños con las ruinas del templo,
la soledad de Dios.
Sé que no regresaré,
Jerusalén queda ya muy lejos.
Me consume la distancia.



LA DIÁSPORA



Hacia los cuatros vientos,
el polvo del camino nos nubló la vista.
Descendimos
hasta volver.
Estamos en todas partes y no somos nadie,
sólo la noche nos rescata.
Nuestro horizonte es la cruz del sur
donde ojos entrecerrados
aún tocan música.



ROSA TATUADA



¡Oh rosa tatuada de la infancia,
esplendor súbito del horizonte!
tú no enhebras mi camino,
tú haces un inventario:
Esta tierra se desvanece
huye de su sombra
para encontrar una palabra
en la intimidad del deseo.




SEGUNDO CIELO



18 DE JULIO (*)



¿Qué sucede esta noche entre todas las noches?
Todas las noches comemos en forma abundante
y cantamos y reímos con el vino
pero esta noche sólo hay pan ázimo y vinagre
pues estamos tristes pensando en el destierro.
¿Qué sucede esta noche que no entonamos cánticos?
Todas las noches alabamos a Dios
con nuestros mejores acentos
pero esta noche el silencio reina
porque nuestra hambre es débil
y extenso el desierto.
¿Qué sucede esta noche que las sombras ganan
nuestras casas?
Todas las noches las luces brillan para iluminar la mesa
pero esta noche sólo hay un candelabro
para que recordemos la oscuridad.
¿Qué sucede esta noche que nuestras manos
y lenguas tiemblan?
Todas las noches rezamos por el día que vendrá
y bailamos al pie de nuestros lechos
porque la sangre inocente no deja huellas
pero esta noche permanecemos quietos
mientras las aguas se desbocan
y las oraciones son para los muertos
que aún nos acompañan.
¿Qué sucede esta noche que apretamos los labios
y cerramos los ojos?
Todas las noches las palabras
nos protegen de la piedra
pero esta noche las voces están mudas
y reímos en trágico gozo
pues un solitario muro delata nuestra intemperie.
¿Qué sucede esta noche que todos ocultan su mirada?
Todas las noches distinguimos camaradas
y detenemos con la elocuencia
la caída de los cuerpos
pero esta noche la ausencia
hiere nuestras carnes viejas
y la soledad del nombre
hace que escuchemos lo que antes veíamos.
¿Qué sucede esta noche que la alegría plegó sus alas
y el silencio distrae nuestros pensamientos?
Todas las noches,
aunque la muerte nos pise los talones,
anunciamos a la luna y adoramos al león
pero esta noche nadie llamó a nuestra puerta
y ya es demasiado tarde para que alguien venga
y nos guíe a través de las estrellas.
¿Qué sucede esta noche entre todas las noches?
Todas las noches un espíritu recorre
el día de nuestras bodas, imagina el primer beso,
el súbito esplendor, la loca belleza
pero esta noche un viento helado tañe los rostros
y el alma es polvo y cieno bajo las garras de la memoria perdida.
Esta noche somos perros que han extraviado a su amo.
En esta noche no hay nadie en el sepulcro.

(*) En esta fecha se produjo el brutal atentado a la A.M.I.A


JOB


Las mismas leyes desde el principio,
las mismas e impredecibles cadenas.
La eternidad más áspera canta en silencio.



ISRAEL



Escucha Israel, Dios es único, Dios es poderoso
pero tú has luchado con su ángel y lo has vencido.
¿Quién acecha ahora tu heredad? ¿quién tañe
tus noches?. Ya sé, quisieras nuevamente llamarte
Jacob, ser un pastor que vaga por el desierto y
siembra piedras como dólmenes y laúdes como dones,
un solitario para quien la suerte de su tribu es
su suerte y Dios apenas la soledad después de la
fatiga del día, cuando se bebe el vino bajo la luz
de la luna y se hace el amor ungido de estrellas.
Pero la maldición fue echada desde que abandonaste
la casa de tu padre y decidiste ser el destino y
su furia. Tendrás que echar raíces en el yermo,
alzar templos en la intemperie y hacer brotar agua
de las rocas para que las plegarias ciñan tu travesía.
Escucha Israel, Dios es único, Dios es poderoso.
Encuentra al ángel y pídele por tu nombre verdadero.



JEREMIAS



Sólo tengo derecho a que se me reconozca imposible.
Mi única fuerza es no comprender nada.



LECTURA DE LA BIBLIA



Busco en las letras doradas
la zarza ardiente,
el carro de fuego,
la ballena templo.
Me desnudo en el tiempo
de las plegarias blancas:
las llamas del candelabro
aún están ardiendo.
Desentierro sonidos furiosos,
cavo un cielo en la oración,
descubro el cántaro.
No hay lugar para el olvido
en el principio de todos los cantos.



MOISES



Desde la cumbre del monte Nevón
Moisés contempla la tierra prometida
a la cual no ha de entrar.
Han sido más de cuarenta años
desde que la zarza ardiente
lo impulsó a cruzar el desierto.
Entonces, ni el cielo estaba tan alto
ni la tierra tan baja,
la palabra era el puente
que estrechaba la intemperie.
Pero hoy, en su lejanía vertical
comprende la soledad de su voz,
la visión que le nubla el presente.



MIGUEL ANGEL ESCULPE EL "DAVID"



Estas manos que te esculpen
presumiblemente mías
entretejen resplandores y reflejos
que nos son comunes.
Aquí,
en mi taller
estás en plena juventud.
Los músculos fuertes y tensos,
la mirada segura del blanco de su destino.
En tus manos rigurosas
la honda y su piedra, con la que derribarás
a tu mortal enemigo, Goliat,
quien desde su altura, ni siquiera te sueña.
Mas tú, valiente David
sabes que una ausencia magistral te protege.
Al igual que yo
sientes al campo de batalla como el lugar
donde se consumará tu obra.
Pero cuando venzas, David, y ocupes tu trono
recuerda
que en el poder no reside la belleza



TERCER CIELO



MADRE



En las noches, cuando en mi ventana flamea como un
incendio el frenesí de las Bacantes, abro mis ojos y
miro el cielo raso buscando tu rostro, esa mirada
y esa voz que resplandecía mientras tu espalda se encorvaba
bajo el peso de las brujas y dragones a
quienes tanto temía. Pero ¿cómo hacías para hacer
de la oscuridad un haz luminoso?, ¿qué coral te
dictaba las canciones que acunaban mis miedos?.
Ahora que las sombras son sólo sombras y no figuras
chinescas, ahora que los espejos envejecen en mi
mirada, te convoco madre-infancia.
Tus manos apaciguando la penumbra de mi ignorancia,
tus dedos deslizándose por mis cabellos como
hollando un santuario,
tus brazos moviéndose al compás de mis ferocidades.
Yo te contemplaba desde el sueño envuelto en tus
aromas de malvón, tomillo y madreselva. Y qué bien
reía tu cuello inclinado sobre mi oído para susurrarme
el último arcano, un ojo del viento.
¿En qué cesta que ahora no encuentro viven las
madejas de colores con que tejías mis rezos, y aquél
diario donde anotabas con inocente paciencia mis
primeras palabras, los primeros pasos, el primer beso?
Madre, si eso no era tu niñez, ¿qué falta ahora
y hace que todo duela?.



RESPONSO



Reposa en tus días invisibles,
sueña.
Una ausencia invade tu nombre.



PERLA



Miras en el espejo la sombra vana de una máscara,
esa que fue tu rostro y ahora es sólo un ojo despierto.
El viento cantó,
las campanas anochecieron
y hoy tiendes la mano hacia un fantasma
que fue tu madre, Perla,
un nombre perdido entre otros nombres.
No fue tuya, no fue de nadie,
las palabras que te dijo no existieron
pero sí sus voces, los atardeceres
y esa manía que aún posees
de mirar el vacío y ver un cielo.
Siempre estuviste solo,
nunca besaste sus labios,
nadie te abandonó en la tierra.



EN EL UMBRAL



Deseché las respuestas
para quedarme sin preguntas.
Estoy golpeando las puertas del cielo.



MAMÁ



A medianoche,
fue a medianoche:
corrí buscando tus manos
y hallé silencio;
miré tu rostro
y no te vi.
Besé tu frente aún tibia
mientras ascendías
y yo caía.
Después no recuerdo nada,
después no estoy,
después de después aún es medianoche.



MADRECITA



Madre, Mamá, Madrecita, patria sombría,
qué albas escasas besan tus labios
en el invierno de tu despedida,
qué lluvias del País de Nunca Jamás
humedecen tus cartas y borran tu infancia.
Madre, te miraste morir
como te viste vivir,
en estado de coma.
Descansa
que heredo en vano tu silencio.



BORDER LINE



Un relámpago asedia,
mi madre espera
llamándome en la sombra.
Fronteras, fronteras
y fronteras y
mi madre esperándome
en el corazón que huye
piedra por piedra.
Muerte inmortal,
vorágine inmóvil:
transforma a mi madre en una mueca,
un sueño blanco,
la espada extraviada de la claridad.



CUARTO CIELO



CUANDO ARIEL DUERME



Cuando Ariel duerme la bruja blanca
vela su sueño;
Cuando Ariel duerme una luna
enciende las copas de los árboles
y si aguzas el oído podrás escuchar
a las hadas haciendo su ronda nocturna
mientras los gatos hacen el amor
y el mar lame los lechos
donde las bellas durmientes esperan al Príncipe Sapo;
Cuando Ariel duerme los reyes
de las cascadas salvajes
abren las ventanas de las horas
con sus botones dorados y sus porcelanas chinas
para que los jardines de la Alambra
acunen con su música los osos y los conejos;
Cuando Ariel duerme
Saturno conversa con las Tres Marías en voz baja
y los viejos amantes se dicen sus secretos
mientras la bruja blanca barre con su escoba
sonajeros mudos y trompos rotos
y una sonrisa juega en los ojos niños
donde un búho ha hecho su nido;
Cuando Ariel duerme el día vive en la noche
y un sol bosteza aviones, barcos y autos
al compás del tictac de un reloj escondido
donde los duendes hilan
la gracia y el aire,
una oración,
la risa.



PARA ELIZABETH



I

Tu nombre te esconde.
Ebria de bodas infinitas
duermes mientras la ciudad
araña tus orillas
y deja mudas huellas
en tu edad secreta.
Sé mi hada, mi maga,
mi último secreto.


II

Tanto te amo
que ya no te amo.
Eres para mí tantas cosas
que estoy vacío de tu presencia.
Tu belleza me anochece.



A LA POESÍA



Sé dónde podría encontrarte
aunque enmudezcas
y no tengas sitio
y ni siquieras existas.
Al borde de ti misma
atenta a la oración del alma
encuentras en lo inútil el infinito
y en la muerte un cambio de aliento.
El cielo es tu abismo,
un ya-no-más
que convierte a los amantes en piedras.
¡Medusa, por ti declino el oro!



MAGDALENA



Su cuerpo tiembla.
En su sonrisa juega un ángel que cansado del cielo
bajó a su cuna y le acaricia las mejillas.
De vez en cuando despierta
aturdida por el galope de los caballos que cruzan su sueño.
Entonces abre sus ojos,
luego vuelvo a quedarme solo.
Permanezco a orillas de su mar
enjoyado en silencio.



EL OJO DE LOS DIAS



Aún humea el ojo de los días.
En el templo las voces bordan cielos
y las lluvias bendicen lenguas dolientes.
Un espíritu se ha levantado desde las fauces del océano
y su aliento incendia jardines de piedra.
El silencio tañe muérdago,
un ojo ríe
y cuerpos perdidos hienden la ausencia.
No hay salvación,
todavía el alma pena.



EL TEMPLO



Donde está el naranjero
se yergue triunfante el templo de mi infancia.
¿La llave está en la puerta
o soy yo quien la tiene en la mano?
Entro
dejando en la calle al hombre que soy,
al enjoyado por la luz del tiempo
y observo un chico que juega
mientras un espejo me enfrenta
a este presente que fue el futuro de mi pasado.
Miro por sobre el hombro hacia el pupitre
en donde me desvelé por la primera palabra,
luego vinieron otras que se encadenaron
a esta constelación de sortilegios y astucias.
Una torá se desliza a través de mi memoria
y el fuego está encendido:
todo relumbra mientras palpo en los bolsillos
esa llave que quizá dejé en la puerta.
Me alejo de aquel templo de Olivos
pero algo mío se queda recostado en la luz de la galería
pues nada soy sino ese chico que vino a refugiarse
y luego cantará con el sábado
para que el vigía esté en su torre
cuando todo despierte.



ABRAHAM



Mago de los juegos eternos,
enséñame el camino a casa
pues deseo hacer el amor,
delirar con el vino
y soñar en los atardeceres.
No para mí este mundo inmortal y silencioso,
no para mí las redes inmortales que tejen otros.
El fruto pende henchido de la rama,
la primavera borda el cielo
y una semilla me habita.



QUINTO CIELO



EMILIO SALGARI



I

Una sombra improvisa rabiosas aventuras
en paisajes ninfomaníacos
con hombres a cara o cruz
curtidos por el sol y el viento.
No hace falta abrir la ventana del cuarto mal iluminado
para batirse a duelo con los traficantes de esclavos,
sólo se necesita la fiebre por la vida,
no dejar caer los brazos.



II

El viaje mas largo que hiciste
fue de Brindisi a Patras
y sin embargo ¡qué bien huelen tus odiseas!
Te imagino furioso frente a la hoja en blanco
embebido en esa tinta que fabricabas con tu sangre,
fumando un cigarrillo antes de tomar cada decisión
al igual que tu capitán Yañez,
quien fumaba cien cigarrillos diarios.
Una selva loca invadía tu lecho,
Malasia te mecía en sus brazos
mientras los tigres surcaban el cielo raso de tu cuarto
y alaridos descabellados de extraños plumajes
perforaban el silencio
¡Cuántos obstáculos venciste para rescatar el grito
desgarrado de nuestra selva!
Una multitud de fieras conversaba contigo en las noches
y nunca te negaste a contestarles,
sabías demasiado como para callar
las alucinaciones de la mente.



III

La injusticia brama en Malasia
y tú, desde una pequeña habitación arreciada por los huracanes,
ciñes la desazón que otros hombres labran sobre las barcas.
La fiebre amarilla disuelve tus entrañas;
ensimismado en combatir la intemperie de los gobiernos ingleses
luchas junto a monos aullantes y piratas disecados
por la sal de los mares
Nada pudo detenerte,
ni la lujuria del cielo del Cabo de Buena Esperanza
ni aquellos felinos que agazapados sobre sus pensamientos
esperaban pacientes dar el salto
para atrapar a la presa entre los dientes.
Sandokán no es un mito,
su sangre caliente es de nuestros días;
sólo el poder es un mito
que en la soledad de su codicia
se devora a sí mismo.
Está derrotado quien arriesga
pero está muerto quien no opone resistencia.



IV

Tu geografía es el croquis de nuestro desconcierto.
Son muchos los que han perecido
en los laberintos de la jungla
mas nunca a tus personajes les pasó nada,
presos en la incandescencia de la vida
eran tomados prisioneros por implacables enemigos
y luego liberados por incondicionales amigos.
Un maharajá nunca se duerme por completo,
permanece espiando al mundo con su ojo oculto
pues sabe que ninguna ciencia es cierta,
lo que hoy es un emirato mañana será un pantano.
¡Qué nítido se recorta Sandokán en esta tarde
cuando a través de mi ventana veo princesas cautivas
pudriéndose a la espera de los amantes!
Miente quien dice describir la realidad,
ella es tan fuerte y segura de sí misma
que sólo es posible atraparla mientras soñamos
con los ojos desvelados por la alquimia del verbo.



V

En Verona,
sólo en Verona reposan para siempre los amantes.
Allí una gastada lápida delata tu presencia.
Imagino que aún combates en la tumba
contra enemigos escurridizos,
aquellos que te ensartaron dos sablazos
cuando de puro distraído pensabas en la muerte.
¡Qué desdicha la del que medita con sus entrañas!,
nada le es claro, todo tiene gusto a sangre.
"¡Oh Capitán ... mi capitán!...nuestro espantoso
viaje ha terminado".



GROUCHO
a Groucho Marx



En cualquier momento el veterinario que se hace pasar por dentista
curará a la señora gorda de su dolor de muelas
y una manada de autos entrará en el hipódromo
con bellas mujeres flotando en el aire
y un grito de orangután con sordina.
En Casablanca
un loco convencido de sí mismo
maneja un avión
con la certeza que estrellarse es lo más lindo del mundo
mientras un habano se hace pasar por empresario de teatro
y monta en un cuarto de hotel
un asilo para cobradores de seguro.
A todo esto,
el flamenco ya se comienza a bailar en Yugoslavia
y los cañones disparan salvas de nardos.

Camino por las calles de cualquier ciudad
junto a vos, Groucho.
Vamos pateando latas vacías
por detrás de las fábricas,
de los desperdicios;
y sé que tus mandíbulas se aprietan tanto como las mías.
Conozco más allá de todo ideal
tu desesperación.
Me doy cuenta que falta la gorda en el sillón del dentista.



A LA MEMORIA DE RAÚL GUSTAVO AGUIRRE



Estoy de este lado
no sé cómo llegar a tu muerte
enamorarte los ojos
prenderle fuego a tus palabras.
En tu voz
veo barcos calcinándose de neblinas
y un rumor de sirenas
enlutando las anclas que buscan una pregunta
en las costillas del océano.
Tu oficio es un naufragio,
la claridad exánime del que no responde.

Bebe
has visto la luna rigiendo el leprosario
baila
el cielo vacía su blanca taza sobre el Hades
sueña
una canción es una trampa
canta
una sinfonía enloquece en tus manos
muere
pues es necesario renacer donde el corazón yace.

El silencio ruge una plegaria
y el alba abre su resplandeciente página
sobre la momia de un tiempo que no existió
y hemos vivido.



LI PO



La luna callada
canta en el valle.
Nadie la escucha
salvo Narciso
que ha extraviado su lago
y la mira.



LOS ATLANTES



Los sacerdotes egipcios fueron nuestros últimos testigos;
perduró la leyenda por boca de Platón.
Nueve anillos de agua y nueve de tierra,
y de anillo a anillo construimos puentes.
Rodeados del favor de los dioses
modelamos la alegría de los metales preciosos,
cultivamos la perplejidad de la filosofía,
la magia de la poesía.
Cuando los vientos nos fueron favorables
surcamos los mares con nuestros tesoros:
nos arrojaron de todas las costas
y fueron malditos nuestros magos.
Inútil fue regresar:
nuestra tierra se encontraba en el seno de la tierra.
Fuimos condenados a vagar la eternidad.

Somos los Atlantes,
naufragamos con nuestras riquezas.
A veces,
en mitad de la noche
nos humilla la poesía.



REQUIEM PARA PHILIP MARLOWE



Queda la resaca de tanto café y cigarrillo,
el lejano fulgor de rubias y martinis más allá de toda madrugada,
las calles desiertas, un cuarto solitario, el dolor en la mandíbula.
Todo se reduce a balbuceos
cuando el cuerpo comienza a comportarse como una pesada carga
y los puños ya no responden.
Estás solo
de cara a las alcantarillas
viendo como tus frases sentenciosas resbalan por las cloacas
dejando entrever la sonrisa amarga del caso no resuelto.
Sabes que la alarma ha sido falsa,
tu propia imaginación exacerbada por tanta vigilia.
Después de haberte jugado la vida tantas veces
sobrevives en la ironía,
comprendes que aún no has visto el rostro de tu enemigo.



SANGRE Y ARENA
a Mario Morales



Tu capa roja sobre la arena
tu rojo haciendo la verónica para que la palabra siga su camino
y el sentido quede con los ojos furiosos mirando al público.
La escena es siempre la misma
y tu miedo aumenta con cada embestida,
sabes que nadie sale indemne de la lucha
donde una oración acomete con rabia un trapo agitado en el aire
una hoja blanca un muro
con silencios a punto de parir interrogaciones
con respuestas sin memoria.
El juego es un conjuro
y quisieras otro disfraz pero el oficio es un número fijo
y las musas no quieren un cambio
nadie lo desea
el escenario está montado
y alguien tiene que ser víctima y victimario.

Tu poema en la plaza
tu poema esquivando al toro
escapando del laberinto con Ariadna en brazos
para que el pavor no embista
al trapo blanco a la hoja roja
y la mirada sea una palabra con el sentido de espaldas al público
cuando el espectáculo es un mudo muriendo en sus gestos.



SEXTO CIELO



AMOR



Todo recomienza.
El que ama se pierde.



MUJER



Oh mujer negra, negro corazón, labios impíos, gracia
sombría de árido y seco vientre; mar y nave, barco sin
rumbo, hundido y herrumbroso como el castillo del mago;
navío sin timón, naufragio.
Cuerpo candente, muérdago del deseo,
piernas nacaradas del puente,
piedra cerrada, muerta, olvidada por su olvido;
cuerpo para delatar la intemperie,
cuerpo donde aún la muerte es bella.



SARA



Estas ramas
son tus manos
acariciando el cielo
después de cada tormenta.
Y esos dedos son llamas
encendiendo una noche
en la penumbra blanca de tu ocaso.



EVA



Ausencia eterna, hiere mi voz,
dame la palabra del rubí,
un canto del arpa, la belleza del trueno.
Que en cada oración encuentre mi reino.
Bendita sea tu desnudez enceguecedora,
tus frutos luminosos,
tu oro extremo.
Soy polvo, sangre, hiel
y nada en tu oculto lecho.
Ausencia eterna, otórgame la luz,
confiéreme el silencio.



MARÍA



Desconozco los planes del destino.
Soy el instante
en que la ausencia
es arrebatada por un silencio.


LILITH



La luna es nueva
y el río ya no es el mismo
pero tus ojos permanecen iguales;
sólo quien viajara hacia el fondo de su mirada
descubriría algo más que el paso del tiempo:
un animal enfurecido contra la jaula del horizonte.



LA MUERTA



Muerta la muerta, encendido su olvido
su nunca más de yegua desbocada, su noche
donde canta la piedra y la nube.
La voz de la muerta no muere, agoniza, permanece
y sus canciones encantan a los navegantes, a los no nacidos
y a los muertos que gritan en silencio
para que la muerta escuche y despierte sobre su muerte,
sobre los ojos enceguecidos y sobre el féretro de oro
de todas las aguas, ríos, mares y océanos
que atizan las lenguas de la intemperie.



SEPTIMO CIELO



PUENTES



Puentes,
encendidos y ocultos puentes
que median por sorpresa
entre nuestras intenciones e incertidumbres.
De ellos
nada dicen los libros,
a tientas los buscamos
guiados por nuestras sospechas.
Cuando los encontramos
ya los hemos cruzado.



HABLA EL PROFETA DANIEL



Soy el enviado para traducir
las nuevas voces
de la voz.



MURO DE LOS LAMENTOS



Un muro de silencio
cubre las puertas doradas.
Allí, donde reinaba el fervor de la palabra
y la esperanza de la anunciación
sólo cal de la memoria
y sal del desencuentro.
Digo tus oraciones sin esperar respuesta,
el puente enjoyado se hizo trizas
y de nuestro amor queda el recuerdo
de un candelabro que arde por siempre en la noche.
"Este fue tu templo" me dicen
pero mis ojos no ven más que piedras,
fieles testigos de un pacto que fracasó en la sangre.
¿Y bajo este cielo amenazador podrán germinar
las preguntas que te construyan de nuevo?.
No hay eco en el espanto
mas presiento en tu alfabeto
hollado por la luna
una plegaria que horada el tiempo,
un ruiseñor cantando desde tus libros sagrados.



VACIO



Quien recuerda
olvida.



PLEGARIA



Señor, mi Señor,
el cielo calla sus rezos,
la sed derrama perlas
sobre los labios del alba.
Un canto enhebrado en abismos
enciende velas como plegarias.
Ten piedad de nuestra voz,
escucha nuestro silencio.


Señor, misterioso Señor,
confunde la lengua de nuestra errancia
con los pasos del desasosiego,
levanta un muro
donde encerrar la mirada,
olvida el olvido y a quienes te aman.
Ten piedad de nuestras manos,
consagra nuestro deseo.



LEONARDO Y "LA ULTIMA CENA"



Por encargo de Ludovico "el moro"
deletreé durante tres años la Ultima Cena.
No cometí ningún error,
fue mi voluntad que Cristo y sus apóstoles
se fueran desintegrando con el tiempo.
Cuando la cena sea nuevamente servida
otro Ludovico me encargará rehacerla
hasta que el vino vuelva a escasear.
Confío en la eterna sed del hombre.



ELIAS



Las puertas de lo invisible
son visibles.





Share this article :

Publicar un comentario

 
TOP
© 2014 Todos los derechos reservados - Registro DNDA: 5208290 El Timonel Editor Director: Luis Alberto Vittor
Template Created by ThemeXpose